Un Uruguay friendly

04/Mar/2013

Freeway, César Bianchi

Un Uruguay friendly

Crear destinos turísticos que respeten la diversidad sexual es negocio.El alcalde de Tel Aviv era un tipo homofóbico. En una entrevista para un diario, Ron Huldai hizo la gran Rovira: habló de la homosexualidad como una enfermedad y al otro día recibió un salivazo en la cara, gentileza de un transeúnte. Eso sucedió antes de ser electo gobernador de la moderna ciudad israelí. Hoy, Huldai tiene amigos gays y celebra con pitos y matracas en el desfile anual por la diversidad sexual. -¿Qué cambió?- le preguntó a Adir Steiner, un activista israelí por los derechos de la comunidad LGTB. “Le faltaba información”, contesta para Freeway. Ni bien asumió como alcalde, Steiner se reunió con Huldai y se dio cuenta que había realizado esas tristes declaraciones por ignorancia. “En su interior, en su estómago, él no era homofóbico, pero desde su boca sí. Por esa cosa de ‘macho’”, agrega Steiner y hace como si se golpeara el pecho cual Tarzán. Steiner estuvo en Uruguay para dar una conferencia en el marco del segundo taller internacional de turismo LGTB, una sigla que suma a gays, lesbianas, transgénero y bisexuales. Vino a contar por qué Tel Aviv, su ciudad, fue elegida el año pasado por internautas que votaron en la página web de American Airlines como la localidad ideal y con más servicios para turistas no heterosexuales. Llegó invitado por el Ministerio de Turismo y la Intendencia Municipal de Montevideo, interesados en replicar el modelo de Tel Aviv y crear así destinos friendly, como se los conoce en la jerga, que sumen importantes divisas por conceptos de turismo.Un buen negocioDaniela Bouret, asesora de la Intendencia de Montevideo en materia de turismo, deja claro que desde el gobierno central y el municipal hay voluntad política de ser un país tolerante de las minorías, aunque la palabra “tolerancia” le rechine un poco. Dijo que desde la administración de Fernando González en la división Turismo de la comuna y la creación del Conglomerado de Turismo de Montevideo se estableció un plan estratégico y la cooperación del sector público con el privado –mucho antes de las mentada PPP- para diseñar destinos apetecibles para extranjeros de la comunidad LGTB. ¿Por convicción ideológica o por oportunismo comercial? “Es un sector que genera dinero, que tiene poder adquisitivo. ¡Es un negocio! Un turista homosexual gasta más que uno heterosexual, está comprobado”, agrega sin ambages. Mientras que un gay gasta 1.600 dólares en una semana, un hetero gasta 1.060 y el sector ha crecido un 20% en los últimos dos años. Según datos de la Organización Mundial de Turismo, después del turismo de reuniones, el turismo de la comunidad LGTB es la actividad que tiene mayor proyección de crecimiento en los próximos cinco años. “Pero –señala- esto es sustentable si se hace a través de la convivencia. La tolerancia es lo básico, porque además tiene que haber respeto por el otro, sea gay, negro o judío”, agrega. Para ella, el Estado debe procurar la creación de “espacios de encuentro y construcción social” para esa sustentabilidad de valores. “Eso hace a la democracia. Para eso trabajamos desde el sector turismo”, dice Bouret. Steiner, en cambio, tiene claro que la sensibilidad de los políticos por el tema también es una forma de hacer política. “¡Claro que sí! Los gays también votan”, dice. Pero poco le importa si los políticos se suman a una movida más tolerante por interés o auténtica creencia. Si la puerta se abre, no le importa por qué se abrió, piensa. Pero es tan vital el apoyo político como otra puerta metafórica que debe empezar a abrirse con más asiduidad: la del armario. “Cuánto más gente se anime a salir del clóset, más visibles seremos”. Sergio Miranda y Juan Pedro López tienen clara la importancia de promover el turismo friendly como negocio redituable. Y no lo dicen por gays -que lo son-, sino como operadores turísticos del sector. Miranda regentea el hotel Splendido, que desde su concepción es friendly, y López tiene un salón de eventos (Los Portones) y es dueño de barras en el boliche gay Caín. El perfil del turista de la comunidad es de un NSE medio alto-alto, culto, bien formado y que gasta. Va a restoranes, teatros, eventos culturales, compra arte, diseño y vestimenta. “Es un consumidor gourmet”, dice. Además, no tienen hijos, entonces gastan más en sí mismos. Miranda no es un comerciante oportunista, es un confeso homosexual y militante de la primera ola. López apunta en el mismo sentido: “Yo fui hace poco a San Pablo para promover en una feria a Uruguay como destino turístico amigable.¿Por qué? Porque quiero que vaya más gente a tomar a mis barras y Sergio quiere que vayan turistas a hospedarse al Splendido”. Esta intención mercadotécnica cobra otra importancia al contar con el apoyo de políticas públicas estatales. El Ministerio de Turismo adaptó su marca país “Uruguay Natural” a “Uruguay Naturalmente Friendly” y la Intendencia capitalina hizo lo propio: “Descubrí Montevideo” pasó a llamarse “Descubrí Montevideo Friendly” durante el taller celebrado en 2012. Hoy hay 13 empresas que integran la mesa friendly en el Conglomerado y cientos de las 824 que integran el conglomerado han manifestado su respaldo. Otras siete empresas esperan el veredicto de la mesa para integrarla y varios gobiernos departamentales levantaron la mano para copiar el taller que promociona un turismo que contemple la diversidad sexual. Dicen desde la intendencia y el ministerio que no hay cifras oficiales que ilustren la magnitud de los ingresos de turistas de la comunidad LGTB a las arcas del Estado. Mientras, Bouret espera la concreción de un observatorio turístico, en sociedad con la Universidad de la República, que cuantifique la oferta, la demanda y estudie “de verdad” qué piensa el imaginario colectivo y cuánto discriminamos los uruguayos, un debate vigente tras el episodio de Tania Ramírez frente al boliche Azabache. Todos los consultados para este informe coincidieron en apuntar que si ahora mismo desembarcara un crucero repleto de turistas gays que invadieran Montevideo, seguro alguno notará alguna mirada de soslayo o cuchicheos por lo bajo, pero hace algunos años la cosa era mucho peor. Y de a poco, a fuerza de avances en la legislación y otra postura desde las generaciones más jóvenes, el proceso de respeto a la diversidad sexual ha ido ganando terreno. La abogada Michelle Suárez, primera mujer trans egresada de la Udelar, lo dice así: “Cuando yo era adolescente y se hablaba de estos temas en una radio, llamaba gente alarmada y exclamaba: ‘¡A esos putos hay que matarlos a todos!’ y a nadie se le movía un pelo, ni siquiera de la comunidad. Ahora, si alguien osa hacer una afirmación así, de inmediato se le hace un escrache en vivo y en redes sociales, se considera una animalada, una expresión políticamente incorrecta”. Tiene razón. Y cada vez hay más ejemplos para dar fe que ahora la homofobia ya no tiene buena prensa.Un fallo que cambió todoÉrase una vez un adolescente de 18 años que se puso de novio con el joven militar Doron Meizel. El soldado Meizel fue enviado a hacer el servicio militar obligatorio en nombre del ejército de Israel. Lejos de su casa, primero contrajo cáncer y luego murió. Su novio, Adir, entonces con 26, comenzó un arduo proceso judicial en procura de que se lo reconozca como viudo. Quería -y creía merecer- una pensión por perder el lazo de quien llevaba el sustento al hogar que compartían. Durante un lustro acudió a estrados judiciales hasta que llegó a la Suprema Corte de Justicia, le reconocieron sus derechos en inédito fallo y desde entonces cobra una pensión mensual por la pérdida de su pareja homosexual. Esa sentencia fue clave en el avance de los derechos de la comunidad LGTB en Israel. Desde 1998 Adir Steiner trabaja en la municipalidad de Tel Aviv, sabedor de que con su lucha sentó jurisprudencia. Eso, entre tantas otras cosas, compartió Steiner entre quienes lo escucharon durante su estadía en Uruguay. Eso –la militancia- y la valentía de salir del clóset harán que de a poco ver dos hombres de la mano por la calle o dos mujeres besándose sea tan normal como ver alguien tomando helado o comprando chicles. “No pasa de un día para otro. Mi militancia fue de 20 años”, dice Steiner. La misma cantidad de años que la que lleva adelante el colectivo LGTB en este país. Por estos días del siglo XXI la marcha del otrora orgullo gay, hoy marcha por la diversidad sexual, es la manifestación más convocante del país. En 2011 unas 20.000 personas, entre ellas parejas heterosexuales con bebitos en brazos, se reunieron para celebrar la variedad de opciones en una cama (y en un hogar), pero también para protestar. Suárez, una imponente mujer trans de labia aplaudida a rabiar en su ponencia como tallerista, dice que la comunidad aúna hoy en una marcha a más gente que un acto de Mujica en 2009 o alguno de los Pilsen Rock que promovía Carmelo Vidalín. Por eso hoy una Chuponeada Masiva es todo un éxito, reproducido decenas de veces en los medios. Hace 15 años una manifestación de homosexuales sumaba a 40 gays que se tapaban la cara con bufandas para no ser reconocidos. Para ella, como abogada que es, la realidad también se cambia a base de leyes. Suárez, quien redactó el proyecto de ley sobre matrimonio igualitario que hoy está a consideración del Parlamento, afirma que hay un antes y un después del 5 de junio de este año. Ese día, por vez primera, un juez reconoció un matrimonio de personas del mismo sexo que habían contraído enlace en España y llegaban a radicarse a Uruguay. “Hasta esa fecha, el 90% de los jueces en este país decían ‘esto no se puede hacer’ y ahora la mayoría entiende que se puede”, dice. Para Suárez, Montevideo es mucho más friendly que hace unos años, pero como a Daniela Bouret, tampoco le gusta la palabra “tolerancia”.“Tolerancia es soportar al otro. Para mí hay que hablar de respetar, de tener empatía con el otro”.Discriminación positiva: sí o noBouret y Miranda coinciden: ¿qué de malo tiene que haya una marcha de gays o una disco para gays o incluso un torneo de fútbol gay? Al preguntarles “¿por qué sí?”, contestan “¿por qué no?”. Hasta que, indignada, Bouret dice: “Mientras se siga necesitando construir espacios propios es porque todavía no es algo normal verlos como si nada. Todavía no es natural la inclusión de la comunidad LGTB. La discriminación positiva pone en agenda un tema”. La exministra de Educación y Cultura, María Simón, dijo en un festival de cine gay Llamale H –para el que trabajaba Sergio Miranda en la organización- que lo que justificaba un festival de cine contra la homofobia era que todavía había homofobia. “Quizás haya que inventar un día contra la lapidación, porque en algunos países todavía se lapidan mujeres”, agrega Bouret, asesora de Turismo para la Intendencia capitalina. Para López, en cambio, no dejará de haber marchas por el orgullo de la comunidad LGTB, por más que llegue el día en que Montevideo se convierta en la Tel Aviv sudamericana. “Barcelona, Madrid, París o la propia Tel Aviv son amigables con las minorías sexuales y se siguen celebrando desfiles o marchas gay. Es una fiesta, una celebración, como el día de la madre o el cumpleaños de cada uno”, compara. Este argumento no le cabe a la doctora Suárez. “Es un día de protesta, de reclamar derechos, por más que haya un montón de gays vestidos con ropajes multicolores”. Por eso, todavía ni la intendencia ni el Estado auspician esta marcha anual por la diversidad sexual. En setiembre del año pasado, López, coordinador de la mesa friendly de turismo, recibió a expertos argentinos que capacitaron a personal de hotelería en agasajar al público LGTB. “No es cosa de poner el loguito en la puerta de entrada, porque si una pareja gay elige el lugar y después no la tratan bien, no volverá y lo que es peor: no la va a recomendar”, contó. Y según Miranda, la recomendación es el argumento principal por el que los gays y trans optan por un destino para visitar. Por ahora, un puñado de boliches, saunas, spa, emisoras de radio, productores artísticos, organizadores de eventos y hoteles aúnan sus fuerzas, con el respaldo municipal y del Ministerio de Turismo para que Uruguay sea, como en muchos países del Primer Mundo, un sitio en guías turísticas por el respeto a todas las opciones sexuales. Sobre todo, si esas minorías son cultas, adineradas y dejan divisas en el país. “¿Sabés que pasa? Que el homosexual pobre es puto y el que tiene plata es gay”, dijo una fuente con elocuencia. Así las cosas, mientras recibimos a los segundos por conveniencia, cada vez discriminamos menos a los primeros. No es poca cosa.